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La Coctelera

La inutilidad del sufrimiento y otros libros de autoayuda

El otro día una amiga me recomendó un libro de autoayuda "La Inutilidad del Sufrimiento". Está muy bien, porque el título en sí resume TODO el libro.

En realidad, una vez leida la portada, no hace falta ni abrir el libro, te puedes hacer una idea de qué va el tema. La forma de aplicar esa premisa ya depende de cada uno.

Antes que ese - mucho tiempo antes - me leí el libro "Quién ha movido mi queso?". De no ser porque el libro está compuesto de unas 50 cuartillas de A6, escritas a tamaño 48 de letra, con triple espacio de línea y una de cada dos páginas aproximadamente muestra el dibujo de dos ratoncillos dándole vueltas a un trozo de queso en una ratonera.

En una tira cómica de Dilbert (al que por cierto mencionaré mucho en este blog), aparece su perro, Dogbert, escribiendo un libro de autoayuda que se llama "Change Happends, Get Over It". El libro era sólo la portada... aunque supongo que viendo la tira tiene mucha más gracia.

Lo que quiero venir a decir con todo esto es que, después de intentar leer este segundo libro, me he dado cuenta del por qué se llaman "libros de autoayuda" a estos títulos. No es porque una vez que los hayas leidos te ayudarás a tí mismo a ser más feliz y mejor persona. Lo que de verdad pasa es que con estos libros sus autores se autoayudan a ingresar grandes cantidades de dinero con la ley del mínimo esfuerzo y dándole, durante innumerables páginas, vueltas al mismo tema.

¿Desde cuándo es la ignorancia un punto de vista?

Estoy indignado. Por dos motivos. El primero es que no quería empezar un blog con un artículo para desahogarme, pero las circunstancias obligan.

Y segundo y más importante, porque hay veces que parece haber una relación directa entre el desarrollo intelectual (y moral, pero eso para otro día) de una persona y su escalafon en el organigrama empresarial o social.

Es muy triste que me haya levado 8 años de trabajo el llegar a esta conclusión (ya manida por otro lado en los foros de psicología industrial), pero es que todavía tenía esperanzas en la raza humana.

¿No os habéis encontrado nunca con un jefe / cliente / proveedor o sencillamente un fisgón del momento que juzge vuestro trabajo sólo porque tiene que justificar su sueldo? Seguro que sí, pero os ayudaré a entrar en situación:

Lleváis trabajando dos semanas seguidas en un proyecto / planificación / estudio / loquequieraquehagáis y de repente llega alguien, le hecha un vistazo rápido a lo que estás haciendo y decide, sin conocer antecedentes y sin saber si ya has evaluado todas las opciones, que tiene algo que aportar. Algo que esa persona piensa que tú, un pobre ser inferior, nunca habrías podido llegar a plantearte.

Te sueltan la típica frase de "yo creo que a esto le falta..." o "has pensado que..." y te sueltan algo que no sólamente habías pensado ya, sino que habías descartado inmediatamente por ser algo completamente insulso e irrelevante para el trabajo en cuestión.

Pero mi favorito en estos casos es cuando hay reuniones a varias bandas. Poco a poco se va notando un cierto in crescendo, algo que no se ve, pero que se siente, que está ahí. Y cuando esa sensación alcanza su clímax, aparece uno que suelta la tontería del día. ¿Y qué dices? Decir, puedes decir poco, pero pasas por tres fases:

1) Grito interior de "lo sabía" mientras giras la cabeza para atrás y pones lo ojos en blanco.
2) Resoplido acompañado de llevarte las manos a la cabeza (así se quedan muchos calvos).
3) Sonrisilla de desesperación porque sabes que al final tendrás que hacer lo que se acaba de decir porque el que lo ha dicho es el jefe y nadie le dice que no o porque sabes que te costará menos hacerlo que discutirlo.

Por lo menos siempre nos queda la salida de encerrarnos en el cuarto de baño y gritar "¿PERO DESDE CUANDO ES LA IGNORANCIA UN PUNTO DE VISTA?"

Eso sí, sabes que unos días después todo caerá por su propio peso, o se habrá olvidado, y todo volverá a su cauce hasta la siguiente.