Estoy indignado. Por dos motivos. El primero es que no quería empezar un blog con un artículo para desahogarme, pero las circunstancias obligan.
Y segundo y más importante, porque hay veces que parece haber una relación directa entre el desarrollo intelectual (y moral, pero eso para otro día) de una persona y su escalafon en el organigrama empresarial o social.
Es muy triste que me haya levado 8 años de trabajo el llegar a esta conclusión (ya manida por otro lado en los foros de psicología industrial), pero es que todavía tenía esperanzas en la raza humana.
¿No os habéis encontrado nunca con un jefe / cliente / proveedor o sencillamente un fisgón del momento que juzge vuestro trabajo sólo porque tiene que justificar su sueldo? Seguro que sí, pero os ayudaré a entrar en situación:
Lleváis trabajando dos semanas seguidas en un proyecto / planificación / estudio / loquequieraquehagáis y de repente llega alguien, le hecha un vistazo rápido a lo que estás haciendo y decide, sin conocer antecedentes y sin saber si ya has evaluado todas las opciones, que tiene algo que aportar. Algo que esa persona piensa que tú, un pobre ser inferior, nunca habrías podido llegar a plantearte.
Te sueltan la típica frase de "yo creo que a esto le falta..." o "has pensado que..." y te sueltan algo que no sólamente habías pensado ya, sino que habías descartado inmediatamente por ser algo completamente insulso e irrelevante para el trabajo en cuestión.
Pero mi favorito en estos casos es cuando hay reuniones a varias bandas. Poco a poco se va notando un cierto in crescendo, algo que no se ve, pero que se siente, que está ahí. Y cuando esa sensación alcanza su clímax, aparece uno que suelta la tontería del día. ¿Y qué dices? Decir, puedes decir poco, pero pasas por tres fases:
1) Grito interior de "lo sabía" mientras giras la cabeza para atrás y pones lo ojos en blanco.
2) Resoplido acompañado de llevarte las manos a la cabeza (así se quedan muchos calvos).
3) Sonrisilla de desesperación porque sabes que al final tendrás que hacer lo que se acaba de decir porque el que lo ha dicho es el jefe y nadie le dice que no o porque sabes que te costará menos hacerlo que discutirlo.
Por lo menos siempre nos queda la salida de encerrarnos en el cuarto de baño y gritar "¿PERO DESDE CUANDO ES LA IGNORANCIA UN PUNTO DE VISTA?"
Eso sí, sabes que unos días después todo caerá por su propio peso, o se habrá olvidado, y todo volverá a su cauce hasta la siguiente.
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